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Celimar Aleman

Mi Testimonio

Acepte al Señor como mi salvador personal los 17 años de edad, antes durante mi infancia tuve una muy poca conexión con la iglesia porque mi mamá iba ocasionalmente, y también ocasionalmente me enviaban con alguna vecina a alguna escuela bíblica.

Generalmente crecí sin Dios en mi vida, aunque siempre hubo como un pequeño destello de Dios señalando el camino y mi mirada hacia él, mi juventud que fue relativamente normal como cine, amistades y música pero cada noche me chocaba con la realidad de que tenía un vacío en mi vida que tenía nombre y era falta de Dios, y una soledad que nada de aquellas cosas las llenaba. Pero siempre estuve en los planes de Dios y no lo sabía, cuándo lo acepte como mi salvador personal pude testificar en mi vida que antes yo solo sobrevivía y que ahora con él es que vivo.

El perdono mis pecados me hizo nueva criatura, la soledad se fue inmediatamente, tanto así que al día siguiente de chocarme con Dios realmente me di cuenta cuan fuerte brillaba el sol, el mismo sol que siempre estuvo ahí para mí pero la tristeza y el enemigo me impedían ver la creación de Dios. Siempre Dios cuido de mí y lo pude ver después como me libro desde niña de dos secuestros uno saliendo de la escuela elemental y otro en un parque pasivo mientras estaba en un columpio, también viví como Dios suplió las necesidades de mi mamá y hermana cuando no teníamos que comer el suplía el alimento. Igual que me ha cuidado a mí sé que lo hace con todos sus hijos y creo que el regresara y que ha hecho promesas para quienes le creen, el me perdono, cambio y transformo mi vida y le dio otro rumbo totalmente diferente también lo puede hacer con todo el que quiera entrego su hijo también por todos y por todos derramando su sangre para que recibiéramos el perdón y tuviéramos una vida de relación con él y vida eterna.

Así como un venado sediento desea el agua de un arroyo, así también yo, Dios mío, busco estar cerca de ti. Tú eres el Dios de la vida, y anhelo estar contigo. Quiero ir a tu templo y cara a cara adorarte sólo a ti. –Salmo 42:1-2