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Jorge Munoz

Testimonio Personal

Durante mi juventud fui un niño criado y cuidado con amor por mis abuelos, fui llevado de la mano de mis tíos Víctor y Tinín Pérez al evangelio, y así comencé a creer en Jesús y asistía al Cuerpo de Ponce del Ejército de Salvación. Pero luego en mi juventud y adultez estuve apartado y estuve pasando por situaciones y rupturas dolorosas, por rupturas emocionales y sociales, y no veía soluciones claras que me ayudaran a salir de la oscuridad que opacaba mi vida. Durante todo ese tiempo ya no me sentía en la oscuridad, si no que ahora estaba vació, y buscaba todo lo que ofrecía el mundo para poder llenarlo, pero mientras más placeres, más triste me sentía. Luego mi vida comenzó a dar un giro en el año 2009, cuando conocí a mi esposa Gretchen y empezó a hablarme de Jesús, y como cambiaría mi vida, nuestras vidas. Fuimos por un tiempo a una iglesia cristiana en la Florida, y me sentía algo emocionado cuando asistía a los servicios de aquella iglesia, al punto que no podía esperar hasta el próximo domingo, y muy contento contaba a todos mis familiares y amigos, sobre la iglesia, sobre Dios, y como yo me sentía lleno de vida compartiendo con los miembros de la congregación. Pero aun con todo y alegría faltaba un complemento que no sabía cómo describirlo, que necesitaba llenar. Allí en la Florida, en Junio 2009, mientras buscabas unos carros de la subasta, en donde trabaja, sentí una alegría difícil de describir, que llame a mi pastor, para contarle, y lo primero que le dije fue, ¿Cómo puedo aceptar a Jesús en mi vida?, y la escritura que leí ese día fue 2 Corintio 6:2 ¡Hoy es el día de salvación!. Luego ese día trabaje con lagrimas en mis ojos pero fue de alegría, porque vinieron a mi todas las historias bíblicas y como y porque Jesús vino a la tierra a salvarnos. ¡Fue emocionante esa noche! Y aún todavía ahora en mi vida. Tiempo después, comencé a asistir al Ejército de Salvación, regrese como hijo prodigo y fuimos recibidos con mucho amor mi esposa y yo, luego decidí seguir a Jesús como uno de sus discípulos, y hoy día disfruto esparcir el evangelio y ganar almas para Cristo. ¡Y tengo la certeza que estaré en la eternidad con Cristo, por haber entregado mi vida a Él!