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Jorge Rosado

Testimonio Personal

Mi pecado por mucho tiempo fue la desobediencia hacia Dios. Yo sabía que Dios me estaba llamando para que le sirviera a tiempo completo, sabía que quería que fuera su mensajero. Dios quería que me entregara y confiara en El un 100%. Su voz estaba constantemente en mi mente. Hubo tiempos en mi vida en que traté por mi cuenta de resolver problemas, los cuales fueron ocasionados por mí, debido a la desobediencia hacia Dios. Inclusive traté de resolverlos, pensado que Dios necesitaba de la ayuda mía, y ese es el error más grande del ser humano. El orgullo nos impide acercarnos más a Dios y dejar que Él trabaje en nuestras vidas. Nos impide dejar que nos transforme, que nos moldee a su conveniencia y voluntad.

Alrededor de la edad de 18 años comencé a escuchar la voz de Dios, de rendirme completamente a sus pies, de depender de Él sin preguntar, sin mirar hacia atrás o dudar de su palabra y fidelidad. Pero mi incredulidad me llevaba a dudar del poder de Dios. Pensé como Moisés; no sé hablar, qué puedo decir. ¿De alguien tan ordinario, qué bueno puede salir? Sé que he sido más que bendecido por Dios, con su amor, misericordia y paciencia hacia mí.

Ahora hago su voluntad, he aprendido a callar y escuchar la dirección de Él. He reconocido que soy pecador, que por mis propias fuerzas es imposible, que sin Él nada es posible, que lo que parece imposible para nosotros, para Dios es posible.

Ahora confió en Dios, mi familia y yo creemos y hemos aprendido a depender de Dios. He aprendido a confiar en su palabra, a guardar silencio y a ser fiel a Él. Después de todo, Él es fiel y su fidelidad es para siempre.

Si te sientes identificado, si sientes que Dios no te escucha, o piensas que por ser un vil pecador, no te perdonará, estas equivocado. Es tiempo de rendirte a sus pies, y humillarte ante su presencia. Es tiempo de buscar su rostro, y reconocer que Él es Dios, y creer en su soberanía. Dios te bendiga, y confía en Dios.

Juan 3:16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”