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Maribel Medina

Testimonio Personal

Mi nombre es Maribel Medina y soy del Cuerpo de Bayamón, División de P.R. & Islas Vírgenes. Tengo 4 hermanas mayores, dos hijas y una hija. Mi madre vive en Puerto Rico y mi papá murió en 2000.

Mis padres fueron los primeros en presentarme a Dios y hablarme de Él. Ellos me hablaban y me daban testimonio con sus hechos haciendo el bien a todo el que los necesitaba. Eran católicos y como tales, me envolvían en todas las actividades de su Iglesia. Pero a los 18 años, mientras estudiaba en la escuela de mi pueblo, mis amigos comenzaron a hablarme de un Dios, de conceptos como morir y nacer y de nuevo, ser una nueva criatura, aceptar al Señor. Comencé a preocuparme e interesarme por esos nuevos conceptos y decidí que era tiempo de aceptar al Señor a través del plan de salvación que me presentaron.

Más tarde ingresé a la Universidad de P.R. en el 1978, luego me casé joven y mi matrimonio culminó divorcio. Había tomado malas decisiones que no consulté con el Señor y el resultado fue un matrimonio lleno de maltrato y sufrimiento. Tuve mis primeros dos hijos, de los cuales uno es oficial del Ejército de Salvación en la División de NY.

En 1988-89 una amiga me refirió al Ejército de Salvación para que solicitara una ayuda económica, ya que al estar sola y con dos niños que mantener, mi vida no era fácil. Allí conocí gente nueva, y oficiales que aun hoy día son mis amigos. Ellos me ayudaron mucho y quedé enamorada del Ejército de Salvación y su gente. Aunque ya había conocido al Señor en mi juventud; en este momento tuve lo que se puede llamar un re-encuentro con Dios.

Durante mis comienzos en el Ejército sentí mi llamado a servir al Señor a tiempo completo. Deseaba servir a Dios y a la humanidad. Deseaba hacer por otros lo mismo que habían hecho conmigo. Me imaginaba predicando la Palabra, cantando alabanzas y usando el uniforme que tanto amo y respeto. Pero mi llamado se quedó en un sueño difícil de alcanzar, pues debido a mi divorcio y mis problemas, mi auto-estima se afectó. Pensaba que yo era muy poca cosa y de poco valor para hacer algo tan grande como ser un oficial. Estaba muy herida y pensaba que yo no tenía valor para hacer el trabajo de servir a Dios. Mi llamado se quedó en silencio desde 1990, pero Dios no se olvidó de mí, ni de mi llamado.

El siempre cuidó de mí en cada situación, y se mantuvo recordándome que tenía un llamado y recordándome su amor infinito. Volví a casarme por segunda vez y nuevamente me equivoqué en la decisión y volví a tener un divorcio. De esta relación nació mi hija.

A pesar de los problemas continué perseverando en un cuerpo donde el Señor me fue llevando y capacitando poco a poco sin yo darme cuenta de lo que sería mi decisión final. Los oficiales depositaron su confianza en mí y delegaron muchas responsabilidades donde tuve la oportunidad de crecer en la Palabra y el amor de Dios. Tuve a cargo La Liga del Hogar, el Ministerio de Atención Comunitaria, miembro del Consejo de Cuerpo, dirigí algunas veces la Iglesia del Niño y trabajé a tiempo completo en la oficina como Coordinadora de Voluntarios.

Esas experiencias y el haber conocido a diferentes personas en diferentes circunstancias y diferentes condiciones espirituales me mostraron más claro mi llamado de servir a Dios como oficial a tiempo completo. El mismo Dios me ha estado preparando a través de todas mis experiencias, me aumentó mi auto-estima y removió todos los obstáculos de mi camino.

Hoy puedo decir que soy una nueva criatura, segura de mi propósito en la vida. Estoy en la gran comisión de buscar y llevar las almas a los pies de Cristo, proclamar las buenas nuevas de salvación, proclamar la Palabra de Dios a toda criatura para que sean salvos del pecado, y que tengan una nueva vida en Cristo como la tengo yo. Deseo ser el instrumento que Dios utilice para hacer su obra.

El Ejército de Salvación me ha dado mucho por más de 20 años. Me dio un lugar para trabajar cuando lo necesité, una nueva vida en Cristo Jesús, oportunidades para crecer y servir, el amor de Dios, oportunidades de aprender más de Su Palabra. Pero lo más importante que he encontrado es el amor de Dios y el conocimiento de su verdad y su Palabra.

Es por eso que creo firmemente que es tiempo de compartir este regalo. Es tiempo de seguirle. En Mateo 16:21 dice: “Si alguno quiere seguirme, niéguese a si mismo tome su cruza y sígame.”

Estoy preparándome para alcanzar la meta de ser una oficial del Ejército de Salvación, ministro de Su Palabra. Entiendo que es la voluntad del Señor en mi vida y que para eso me ha estado preparando por muchos años.

Descanso en Sus manos para que me pula como a un diamante, para brillar con la luz de Dios sobre mí y ser luz en medio de las tinieblas en las vidas de otros. El mismo Dios nos llama a ser luz en la oscuridad. Estoy para servir mi Dios.